La cita del día: Formas de educación

21 09 2010

Muchas veces he leído por ahí a familias homeschoolers que fundamentan su posición con argumentos de autoridad: Fulano y Sutana se educaron en la casa. Creo que es un recurso que puede servir para ejemplificar que otras vías son posibles, sin embargo, no me parece un argumento riguroso. Esto por que la masificación de la escuela es un proceso de fines del siglo XIX y en algunos países incluso más tardío.

Si digo, por ejemplo, que Javiera Carrea, procer chilensis, se educó en la casa cuando niña ¿estoy diciendo la verdad?

Si y no.

Sí, por que efectivamente se educó en su casa por algunos años, pero es ser muy elástico con la verdad pues no consideramos en esa argumentación el contexto histórico. Lo mismo si digo que Jesús se educó en la casa o que Alejandro Magno lo hizo. ¿Por qué?

Primero, la escuela, la de hoy – la que es criticada por el movimiento de educación en casa desde ambas orillas del espectro político e ideológico – es una construcción de la modernidad. Hay otras formas educativas que se han llamado escuela pero en ningún caso son sinónimo de lo que hoy denominamos como tal. Por tanto es verdad que ni Jesús, ni Alejandro Magno ni Javiera Carrera fueron a la escuela, pero eso se debe a que las escuelas -como las conocemos hoy- no existían. ¡En tiempos de Jesús, de Alejandro Magno y Javiera Carrera no existía siquiera la infancia como la comprendemos hoy, ni hablar de adolescencia!. Segundo, y en relación a lo anterior, se ha de considerar el contexto social desde dónde surge el aludido, por ejemplo, a Alejandro Magno lo educo Aristóteles en su casa por la educación que recibió  en nada dialoga esa forma de educar con lo que esperan las familias actuales. Javiera Carrera no podía aspirar a la escolarización por ser mujer, aunque perteneciera a la élite que eran quienes podían acceder a la educación formal. La escuela, entre otras cosas es un epifenómeno de la escritura, Jesús fue a una escuela, es cierto, pero eran las escuelas de alfabetización sostenida por los rabinos, otro propósito, otro programa, otro lugar social para la alfabetización.

¿Qué es entonces la escuela en tanto organización de la modernidad?


La escuela como organización moderna

El concepto de “escuela-mundo” (Cano,D;1989) hace referencia a este tipo de organización moderna que se expandió a partir del siglo XIX como forma educativa hegemónica. Se constituyó además, por su masividad, en la forma más democrática de distribución del conocimiento, en comparación a otras anteriores en la historia de la educación. Pero al decir esto, nos referimos a la “escuela” como una construcción histórica , como el producto de distintos procesos sociales, políticos, económicos y culturales. Más específicamente nos referimos a un tipo de institución especializada en la transmisión de conocimientos “socialmente válidos” que se articula en una red de instituciones que constituyen los sistemas educativos. Estos son una construcción propia de la modernidad, por la particular configuración que alcanzan en este período a diferencia de sus antecedentes educativos (academias, asociaciones, etc.)

Si definimos a esta institución como construcción histórica, también nos remitimos, a una concepción de los procesos sociales que da cuenta de cierta contingencia de los mismos, lo cual no significa renunciar a la articulación que da como resultado lo educativo, pero sí lo exime de una determinación necesaria. En otras palabras, la relación entre distintos factores dieron lugar a esta escuela, pero no fue un producto inevitable. Fue así, pero podría haber sido de otra manera. La historia de la educación ofrece distintos ejemplos de formas de escolarización que no prosperaron. Tal es el caso de las Sociedades Populares de Educación en nuestro país o las Sociedades Científicas europeas frente al conservadurismo universitario en los comienzos de la modernidad.

Esta definición reviste una doble importancia. Por un lado nos ubica en la antípoda de posiciones naturalistas que recortan su carácter histórico para hacerlo aparecer en el tiempo pero como el resultado de una evolución lineal y, por otro, abre una perspectiva distinta para la discusión sobre el futuro de las formas de transmisión y construcción de la cultura, dejándonos más libres para debatir sobre otras alternativas —quizás más democráticas— de educación y conocimiento.

Nora Graziano

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