El sistema educacional está triturando a muchos niños

10 06 2010

Hace un par de años leí esta entrevista al Dr. Grau, la cuál me hizo mucho sentido. Ahora, leyendo sobre el tema volví a “tropezar” con ella. Creo que es muy interesante para padres, madres y educadores.

El doctor Arturo Grau pertenece a las primeras generaciones de neurosiquiatras chilenos que terminaron su especialización justo cuando en nuestro país comenzó a hablarse de un tema que ha pasado a convertirse en un gran issue de la educación: el síndrome de déficit atencional.

Hasta los años ochenta, el tratamiento del trastorno se asociaba casi exclusivamente con la medicina, pero él sospechaba, junto a otros profesionales, que el enfoque era bastante limitado y que había más variables incidiendo en el diagnóstico. “Empezamos a preocuparnos de cómo se estaba enseñando a estos niños en particular y nos dimos cuenta de que no sólo se fallaba en ese aspecto, sino en cómo se abordaba el enfoque en la sala de clases”, recuerda en su pequeña oficina del Hospital Calvo Mackenna, rodeado de varias fotografías de sus maestros en siquiatría.

Esos niños eran catalogados simplemente de inquietos, molestosos y flojos – “uno de los apelativos que más han dañado a la educación chilena”- , pero sin ahondar más allá. Curiosamente, había un solo colegio que tenía una sensibilidad especial, el “Marshall”, que pese a su imagen social, fue de gran ayuda para los expertos, convirtiéndose en una fuente de conocimiento. “Comenzó a ser el lugar de derivación natural de los niños que fracasaban en los sistemas escolares tradicionales, dándoles la posibilidad de encantarse de nuevo con los estudios”.

Fue también el tiempo en que comenzó a hablarse de metodologías y evaluaciones diferenciadas. Desde entonces y hasta hoy, el doctor Arturo Grau no ha parado en sus investigaciones, compartiendo su tiempo entre la jefatura de la unidad de siquiatría del Calvo Mackenna, su consulta privada y sus clases universitarias en la Universidad de Chile, lo que le otorga una mirada bastante amplia del panorama chileno, la que une además con su contacto permanente con otros especialistas a través de la Federación Latinoamericana de Siquiatría de la Infancia, Adolescencia y Familia.

Observando la realidad de los últimos años, se ha sentido preocupado. Casi alarmado, porque percibe que Chile ha retrocedido, no en el enfoque que le da la medicina al tema de los problemas de aprendizaje, sino el de la educación.

“El concepto de educar se ha ido transformando en el de adiestrar a alguien para sumar puntos para la universidad, como si el niño fuera un caballo de carrera que debe acumular récords. Se ha visto compelido a producir, porque la consigna ya no es: Sé buen amigo, solidario, leal, sino sácate mejor puntaje que tu compañero porque si no, vas a fracasar. Y con una educación tan exitista, resulta que los colegios quieren cada vez menos a los niños que tienen algún grado de problema de aprendizaje o que demoran un poco más en aprender. Por otra parte, están los papás, que hace unos años llegaron a la cúspide de pedir la hiperconsulta y la hipermedicación para que sus hijos compitieran en igualdad de condiciones con los otros”.

– ¿Hay etapas más críticas?

– Sí. Son los primeros años de la escolaridad básica, y eso culmina en tercero o cuarto básico; luego comienza a decaer. Un factor importante en estos años es la adaptación del niño a las nuevas exigencias escolares, de horarios, rutinas, y por otra parte coincide con una etapa de desarrollo más vulnerable, en que muchos factores externos pueden influir en su aprendizaje. Vulnerables en el sentido de cómo le afectan las situaciones emocionales, por ejemplo, una separación de sus padres. Son factores que se debieran correlacionar, aunque en los diagnósticos uno ve que muy pocas veces son considerados.

– ¿Qué es primero, el déficit atencional o el problema emocional?

– Si uno lograra distinguir, vería que la mayoría de los problemas emocionales de los niños han sido causados por el sistema, es decir, son reactivos, no endógenos. No es que, por ejemplo, haya aumentado la depresión endógena, sino la reactiva al sistema. No hay una explosión de patologías, porque no son estructurales. Si bien el sistema no fabricó el deficit, sí fabricó el fracaso, la reacción emocional. Si se pudiera resumir, los niños son mucho más sanos de lo que se dice.

– ¿Cómo se afectan?

– Su proceso interno, desde que se inicia la presión del colegio y el desfile por profesionales y medicamentos, les implica una idea personal de sí mismo pavorosa en términos de valoración; hay niños que tienen una autoimagen destruida, y lo peor de todo es que intelectualmente no tienen ningún problema.

– ¿Qué se puede hacer entonces a nivel de sistema familiar y escolar?

– No es buscar medicamentos más eficaces, que es otra desviación que ha aparecido. Buscar la solución farmacológica puede ser una tentación porque hay medicamentos extraordinariamente buenos cuando están bien administrados, pero también es extraordinariamente peligroso dejar todo en sus manos, porque lo que pasa es que empezamos a emular el proceso de anestesia; entonces los papás y los profesores piden que ojalá el efecto del medicamento dure en el niño desde que se levanta hasta que se acuesta. El énfasis no puede ser que dure más horas, y es algo que ha estado pasando.

– ¿Por dónde va la solución?

– Creo que debe ser a la inversa. Tienen que surgir voces que se opongan al esquema actual. Me parece que todo nace dentro de la sala de clases, que es el lugar más importante del niño en la vida durante 12 o 14 años. Si un niño se pasa gran parte de su día en el colegio, que es donde nacen los problemas, es ahí donde deben solucionarse. No puede ser que los padres o la familia hereden los problemas en la casa, que es cuando el niño interactúa con sus hermanos, amigos. ¿Cómo voy a invadir con rendimiento un mundo totalmente diferente, que es el de los afectos? Es equivalente al adulto que se lleva la pega para la casa y reclama cuando lo interrumpen. El mundo laboral es una cosa y el familiar, otro.

Dice que ésta es “la primera contaminación” que es necesario despejar. Que lo importante es que dentro de los colegios se desarrolle una mirada especial y sensible frente a los niños a los que les cuesta concentrarse. “No puede ser que la piedad humana se refleje solamente en los que tienen problemas mayores, que el lema del colegio es que son abiertos porque admitieron a un par de alumnos con alguna clase de retraso. Eso está muy bien, pero resulta que hay muchos otros niños sobre los cuales no se tiene ningún grado de caridad, y sobre los que se está exigiendo clases extras y medicamentos para levantarlos al estándar restante. Entonces lo que hacemos es tejer toda una ortopedia alrededor del niño que resulta nefasta para su formación. Se acaba la formación para llegar a la deformación.

– Pero eso pasa en varios colegios.

– Si uno pudiera hacer un símil, hay atletas naturales a los que les gusta la competencia, pero también hay otras personas a las que legítimamente les atrae correr, pero no en las mismas condiciones. Y deben poder hacerlo, sin tener que envidiar al otro porque ya dio veinte vueltas cuando ellas van en la primera. El vicio está en pretender emular al campeón. Pero es lo que te piden: tienes que correr con el campeón y hacerlo bien, porque si no puedes, eres un loser. ¡Un loser! ¡El perdedor! Así se dicen los niños entre sí hoy, y se lo dicen también los padres a los niños. Si volvemos al ejemplo del atleta, el colegio tendría que tener una buena pista en que corran los atletas estrellas, pero también dejar carriles para que vaya otro grupo a otro ritmo; todos tienen derecho a conocer el encanto de trotar, de disfrutar y ser feliz en su colegio.

– ¿Qué rol tienen los padres en esto?

– No pueden ser más cómplices de esta situación. Junto con los profesores tienen que tejer un puente para ponerse de acuerdo sobre cómo educarán a sus hijos y qué quieren. No puede ser que prevalezca sólo la visión de aquellos que compiten por puntos como una idea única. Pero hasta el momento los papás siguen sintiéndose fracasados si su hijo no ingresa al colegio en el examen de admisión. ¿Cómo se salen de este circuito perverso? ¿Forman una liga extraoficial de padres para crear colegios alternativos? Algunos lo han intentado y han sacado a sus hijos de las pistas para educarlos en un ambiente distinto, pero son criticados porque esos ambientes no reflejan cómo es la sociedad en realidad, pero ¡enhorabuena! que sea así, porque lo que necesitamos es que los niños se eduquen y formen verdaderamente como seres humanos. Además, no estoy seguro de que haya trabajos que demuestren que los niños que se educaron bajo otros sistemas educativos sean más infelices que los educados en el tradicional. Lo que sí conozco es a muchos niños fracasados y afectados porque la educación tradicional les destruyó sus deseos de formarse.

– ¿Cree que los padres se pueden resistir y decir: No quiero que a mi hijo le den medicamentos o no lo llevaré a la sicopedagoga?

– Creo que hay muchos que se están resistiendo, y no con un criterio de fuerza; lo que quieren es que les expliquen la lógica de todo esto, quieren saber en qué le ayudará el medicamento a su hijo y que sacarán dándoselo. Porque no hay que olvidar que cuando un niño fracasa, la familia entera se siente muy deprimida y afectada.

– Hoy se habla de tests estandarizados que ayudan a mejorar los diagnósticos.

– El diagnóstico de déficit de atención es eminentemente clínico; se apoya en opiniones de los profesores, padres y las conductas que el niño manifiesta en situaciones colectivas de su vida. También ayudan las evaluaciones sicopedagógicas y sicológicas, pero no hay ningún examen que indique fehacientemente si el niño tiene o no el problema. Ni la resonancia, ni el electro ni el Spec. Afortunadamente hay niños que compensan. Uno les dice a los padres que esto es como las balanzas antiguas de dos platillos. En un lado están todos los déficit, y por el otro, todas las posibilidades.

– Pero los padres están cansados.

– Protestan y dicen ¡pero si ya hicimos todo lo que nos pidieron! ¡Hasta cuándo me hacen gastar en exámenes, medicamentos, profesores extras! Insisto que esta parafernalia debiera ser solucionada, y no con tanta dificultad, en la sala de clases. Habría que formar a los profesores de manera diferente y que el colegio, como estructura, no sintiera que está sufriendo la colisión del sistema para producir niños con un puntaje determinado. El colegio tiene que creer que si se sustenta en valores y no sólo en factores económicos subsistirá, precisamente por la perseverancia de esos valores. ¿Cómo se deshace este nudo? Me da la impresión de que implica un proceso social más macro, relacionado con políticas públicas en que como país definamos cómo queremos educar a nuestros ciudadanos. La libertad actual implica educarse como se quiera, pero este sistema está triturando a muchos niños.

– ¿Y qué se puede hacer?

– El concepto de emulación que es bastante antiguo y trata de que si soy bueno para algo puedo contribuir para que otro también lo sea. Detrás no está la idea de competir, sino que los mejores del curso tengan un grupo de influencia para ayudar. Se tiene que aprender que el otro no es mi competencia, sino mi compañero, porque no puede ser que sigan existiendo el grupo de los bacanes y el de los losers.

Anuncios

Acciones

Information

10 responses

10 06 2010
Sandra

Menuda entrevista! Simplemente genial.
Yo tengo un sobrino medicado por este déficit desde hace unos 6-7 años y no hay forma de hacer entender que quizá no sea necesario. Sus padres, como dice la entrevista estan encantadísimos porque gracias a esta medicación el niño saca unas notas excelentes y puede competir con sus compañeros. Me da mucha tristeza.
Gracias por compartir la entrevista.
Besos

10 06 2010
educandoencasa

Es excelente ¿no?. A mi me genera sospecha el sobre diagnóstico. No dudo que hayan personas, niños o adultos, con déficit atencional (De hecho sospecho que soy una de ellas y probablemente mis hijos también). Sin embargo, en el 2006, en Chile habían como un 9% de niños diagnosticados y tratados toda vez que lo esperable no supera el 2%. Es decir, un 6% de niños tomando remedios sin requerirlos. Por otro lado, como dice el doctor, el diagnóstico es meramente clínico por lo que la decisión se toma por la información que los profesores dan en el test de Conner. ¡Son juez y parte!

10 06 2010
Sandra

Es cierto. Aquí en España sucede más de lo mismo. Yo he trabajado en aulas con niños medicados y realmente me pareció que muchos de ellos no necesitaban esa medicación, sino un sistema educativo diferente que les permita algo más de movimiento. No todos los niños son capaces de pasar la mayor parte del día sentados en una silla sin moverse y mirando al frente. LA pena es que al menos aquí, la cosa va en augmento.

10 06 2010
educandoencasa

Acá también. Tengo amigas que lisa y llanamente le mienten a los docentes, el problema es que – de no medicarlos – esos niños suelen ser muy maltratados en el sistema escolar con consecuencias tremendas para su desarrollo. Yo lo encuentro horrible.

Personalmente, me encantó este doctor. Una amiga mía llevó a su hijo y le diagnosticó deficit atencional, pero con alguien que tiene esa mirada tan amplia te queda la confianza que no lo hace “por que sí”, sino por que honestamente el cree que ese es el diagnóstico y no otro.

Alguna vez leí por allí de la dispedagógia. Termino genial que dice relación con lo que tu planteas: el problema está en el pedagogo y no en el grupo de niños.

11 06 2010
Zinnia

Buena la entrevista. Mira que tiene relación con tu post anterior, es el cuento de etiquetar a la gente, clasificarla, nominar a los que se salen de la norma, a los raritos. Viste el video que montó Ana Paulina sobre “la educación mata la creatividad”? Ahí cuentan el caso de una nena que no podía estarse quieta pero era porque necesitaba bailar, moverse. Así debe pasar con muchos chicos y lo que hacen es recetarlos. No es normal tener largos periodos de concentración, yo no se cómo esperan que un chico de 8 años tenga una concentración completa por 45 minutos o más, eso no funciona así.

11 06 2010
Silvia

En LAST CHILD IN THE WOODS dicen lo bien que nos viene a todos estar en contacto con la naturaleza, en especial a estos niños a quienes les gusta en especial moverse, correr, brincar, TODO TAN POSITIVO pero tan castigado en las aulas…

9 07 2010
Un viaje de 8 años: Visita al doctor. « Educando en la Casa

[…] claudicación y esperanza. Era como decir: Ok, me rindo, me dejo de hinchar con el tema de la normalización de la infancia. Hace unos dos meses atrás Juan Cristóbal me planteo que tenía dificultades para […]

19 10 2010
4 09 2016
Maria Arenas

Hola no puedo ubicar la consulta del Dr. me pueden ayudar?

18 03 2017
María

Hola, la encontraste? Me ayudarías mucho

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: