Libros que quiero leer…a precios Argentinos

16 09 2010

LIBRO hermoso, libro, mínimo bosque, hoja tras hoja, huele tu papel a elemento, eres matutino y nocturno

Soy traga libros. Me fascina leer. Sería feliz con un bergere con orejas y un reposa pies, una lampara de pie más acceso ilimitado a una libreria.

No soy de bibliotecas, mi lógica con los libros es de posesión. Olvido devolverlos a las bibliotecas. Sufro cuando los entrego. Desde niña encabecé el listado de lectores en mora de la biblioteca escolar. Siempre tengo una multa que pagar en la Universidad de Talca y suelo terminar comprando los libros al cabo de un tiempo. Hago cosas que son la pesadilla de una biblotecaria: los subrayo, anoto mis ideas, les pego banderitas de colores, los ando trayendo por aquí y para allá.

Si lo pienso freudianamente, mi relación con los libros es oral. Me gusta poseerlos.

Admiro los libros como objeto, como colección, como caja de herramientas, como fetiche. Soy atroz cuando de libros se trata. Gozo vitrineandoles, ojeandoles, mirando sus impresiones y encuadernaciones. Soy  una prestadora impenitente de libros, aunque las malas experiencias comienzan a vacunarme en contra de ese buen habito.

He contagiado a mi hija en esas actitudes…con mi hijo me demoro pero no estoy lejos de corromperle. Es  de familia. No en vano mi abuela y mi papá me llevaban de paseo a las librerias.

Mi viajera madre se queja de los kilómetros andados en busca de mis encargos librescos. Mis amigas antes de embarcarse me preguntan en buen chileno: ¿Querís que te traiga un libro?. Mi hermana lo ha prohibido tácitamente, viviendo en Barcelona sabe lo que arriesga si abre esa puerta.

Con mi Negro gozamos arrancándonos a Argentina a comprar libros. Otros viajan en busca de chaquetas de cuero, obras de teatro y bife chorizo. Nosotros no. Vamos a la caza de libros.

Es que en Argentina se publica, se lee y se promueve la lectura con políticas de protección al libro.

En mi país  en cambio, el libro es un bien de consumo más, con el mismo estatus que las cremas faciales, los juguetes chinos o los chiches de moda. Acá los libros son más escasos, carísimos, sujetos a las reglas del mercado y gravados con un 19%. Se gravan también las importaciones, por lo que habría que agregar otro tanto.

Es por eso que cada vez que viajo a Argentina reviento la tarjeta de crédito y siempre debo dejar atrás un par de títulos. De momento no tengo ninguna posibilidad de viajar. Aún así, se puede vitrinear libros a través de internet, a precios argentinos, lo cual es uno de mis deportes favoritos.

Este es el resultado de mi selección de hoy, por si alguien se interesa:


EDUCACION, LA, por FREIRE, PAULO – ILLICH, IVAN – $ 9,00

Hasta hace tres días no tenía idea que Illich y Freire se conocieron y menos que habían escrito juntos. Luego de pensarlo me parece lógico, ambos compartes algunos puntos en común, como la critica antisistema y anticapitalista.  Me imagino que a su vez deben tener puntos de tensión entre ambos.

Haroldo Quinteros, papá de mi comadre Leo, me recordó que leyera a Illich y esto me llevó a encontrar este libro que, además, cuesta en argentina lo mismo que en Chile una botella de Coca Cola de dos litros.

ESCUELA MODO DE EMPLEO, LA, por MEIRIEU, PH. – – $ 38,00

FRANKENSTEIN EDUCADOR, por MEIRIEU, PHILIPPE – – $ 64,00

Estos dos libros me tienen tentada desde hace rato. Me encanta Merieu, pero no tengo ningún libro de él. El primer libro tiene un subtitulo lo suficientemente tentador para quien busca adentrarse en nuevos horizontes y para quienes tenemos nuestro corazoncito en los esccolanovistas: De los “métodos activos” a la pedagogía diferenciada.

Les dejo este articulo: Aprendizajes y pedagogía en Phillipe Meireu y una cita del autor:

En el corazón del aprendizaje, de lo que se trata es de la ética; pues sólo la ética permite sobrepasar las alternativas estériles de lo innato y de lo adquirido, del racionalismo y del empirismo, de la enseñanza y del aprendizaje. Sólo la ética permite que se instituya, de tiempo en tiempo y siempre suspendido a la determinación de los hombres, unos enclaves educativos donde se escapa a las simplificaciones del ‘haga como tú quieras’ y del ‘haga como yo quiero’ (Apprendre… oui, mais comment. P. 76).


PENSAR SIN ESTADO (SUBJETIVIDAD EN LA ERA DE LA F, por LEWKOWICZ, IGNACIO – – $ 63,00

Hace rato que tengo ganas de hincarle al diente al tema del escenario actual del Estado, en especial para tensionarlo con su rol en los procesos educativos. Lewkowicz me parece citado hasta en la sopa de letras, por tanto creo importante leerlo.

QUIEN EDUCA A QUIEN?(EDUCACION Y VIDA COTIDIANA), por BOSCH, EULALIA – – $ 55,00

No conozco a la autora, no he ojeado el libro, no la he visto citada. Sin embargo, el libro aparece dentro de la  misma colección en que se publicó Alteraciones Pedagógicas, titulo que me tiene trastornada sin ganas de hacer nada más que leerle, pensar y escribir en base a sus provocaciones. Ya es una buena recomendación. Luego el titulo y subtítulo me parece sugerente, finalmente la descripción que la editorial Laertes hace de su contenido me abra aún más el apetito.

Mamá, ¿cuando lees, qué miras? ¿Lo blanco o lo negro?”

¿Quién educa quién? propone un cuestionamiento radical de la noción de educación concebida como un fenómeno que tiene su lugar natural en la escuela y del que sólo son garantes los maestros, una noción tan extendida y tan dañina como la de que la salud es algo sólo compete al sistema sanitario y a los profesionales de la medicina.
Frente a esa visión reductiva, que oculta la enorme complejidad y empobrece la potencial riqueza del proceso educativo, al tiempo que sobrecarga de responsabilidad a los enseñantes, Eulàlia Bosch subraya el papel de la experiencia y de las relaciones personales, cotidianas, como espacio educativo difuso pero esencial, frecuentemente decisivo.
Entendiendo la educación como una actitud de acompañamiento, exploración y diálogo que nos compete a todos, sin tiempos limitados ni comportamientos estancos, la autora inicia cada capítulo del libro con el relato de una experiencia que da a pie a una aguda reflexión sobre el carácter poliédrico de la relación educativa. Una relación bidireccional en la que el aprendizaje es un fluido de ida y vuelta y en la que es tan importante el que aprende como el que enseña.
Como bien dice un provebio africano que se recoge en el libro, “quien aprende, enseña”.
Por ello, en ¿Quién educa a quién? los protagonistas son en último término de las niñas y niños, sus asombros, sus preguntas, sus intuiciones, en las situaciones más diversas – en la escuela, sí, pero también en la cocina, en la calle, en el cine, frente a un cuadro, ante la muerte de un ser querido-, no como portadores de verdades primigenias sino como incitación a la reflexión sobre nuestros modos estereotipos de ver y de vivir, como motor, en realidad, de todo posible proceso educativo vivo y atento a la vida.


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