Educar en la casa: Nuestro coeficiente de dogmatismo

14 10 2010

Hace tiempo que quería escribir esta entrada, hoy tengo la excusa perfecta para ello pues  tengo un  juguete nuevo. Sí, es que aprendí una palabra que no conocía: “la pregnancia“.

Los seres humanos tendemos a buscar el orden en las figuras. La simpleza, lo regular y lo armónico son preferidos al caos, a lo irregular, a lo asimétrico. Esta tendencia es llamada pregnancia.

Pregnancia del discurso:

Esta palabrota me ayuda a nombrar algo que me viene dando vueltas en la cabeza desde hace unos meses:

En la búsqueda del orden y la coherencia de una mirada educativa casera, corremos el peligro de remplazar un discurso educativo totalizador, autoritario, naturalizador por otro del mismo corte. La diferencia estaría en que uno es hegemónico y el otro -aún- no. Sin embargo, ambos se levantan – en muchos casos – con pretensiones de Verdad, absoluta e incuestionable.

En ambos casos es posible encontrar personas que levantsn discursos unitarios, simples y totalizantes que no admiten matices, ni son capaces de aceptar lo múltiple y lo complejo.

Podemos vernos tentados a realizar una explicación omniabarcativa por otra. Pensé incluso titular esta entrada: El fascismo en el discurso homeschooler. Fascismo toda vez que es posible levantar nuevamente un discurso sin sujeto y a-histórico. Un discurso descontextualizado completamente al apoyarse sólo en la naturalización de unas cuantas premisas sobre los seres humanos, lo social y lo educativo.


Foucault, lúcido como siempre, nos advierte sobre el fascismo que vive dentro de cada uno de nosotros, aquel que nos hace desear aquello mismo que nos domina y nos explota: El fascismo que nos hace amar el poder.

¿Es nuestro discurso sobre la educación un discurso fascista?

El coeficiente de dogmatismo:

Es posible analizar un discursos de acuerdo a un “coeficiente de dogmatismo“. Ello en virtud de la cantidad de veces que se utiliza expresiones que apuntan al orden y lo regular (como “todos”, “siempre”, “totalmente”, “únicamente”, “sólo”, “tener que”, “deber de”, “imposible”, “en todo caso”, “de ningún modo”, etcétera) versus la cantidad de veces que se utilizan expresiones de incertidumbre o irregularidad (del tipo de “algunos”, “algunas veces”, “unos pocos”, “de vez en cuando”, “posiblemente”, “entre otras cosas”, “en función de las circunstancias”, “según”, “depende”, “quizás”, etcétera).

La tendencia a la pregnancia (¿al discurso fascista?) nos hace preferir las expresiones que apuntan al orden por sobre aquellas que suponen incertidumbre. Creo muy interesante realizar una mirada de nuestros propios discursos y pasarlo por el cedazo de este coeficiente.

Dejar de lado un discurso totalizador, implica admitir la vulnerabilidad de nuestra mirada, la debilidad de nuestros argumentos. Debilidad que no implican baja calidad, sino los limites de nuestro razonamiento y lo relativo de nuestro ser en el mundo:

¿Estamos dispuestos a admitir que el discurso de la educación casera es uno entre muchos posibles?

La evidencia positiva:

Hoy Madelen Goria comenta sobre la actitud de Pollyana de muchos de quienes somos cultores de la educación casera (Pollyana: otra expresión que aprendí hoy). Está actitud, implica destacar sólo aquello que es positivo respecto de nuestra opción.

¿Cómo se condice esta actitud con la pregnancia y el totalitarismo discursivo?

Es posible pensar que, en el afán por levantar respuestas a lo que nos aparece como algo bueno y deseable, ordenamos y simplificamos el discurso.

Enfrentados ante la continua demanda por justificar nuestra opción nos vemos tentados a absolutizar muchos de los presupuestos de la educación en casa. Así mismo, se tiende a buscar sólo evidencia positiva. Por evidencia positiva me refiero a  destacar sólo aquellas cosas que fortalecen y apoyan nuestra mirada descartando todo aquello que pudiera llevar a sospechar de esta opción.

Quisiera ejemplificar esto último:

En una ocasión en que mis niños decidieron que mi amigo Gustavo era un duende irlandés. Durante un mes se dedicaron a colectar evidencia: pelo blanco, barba, lentes. Era amable y cariñoso. En ningún minuto se preguntaron si había evidencias negativas, es decir,  algo que  les permitiera sospechar que no era cierto aquello que pensaban.

Volviendo a lo nuestro:

¿Existe, en nuestra mirada, algunas condiciones según las cuales el discurso levantado respecto de la educación en casa pudiese ser considerado desmentible, puesto a prueba o falseado?

El pequeño dictador que tenemos dentro:

Quienes abogamos por la educación casera, tendemos en general a celebrar la diversidad, la capacidad de aprendizaje de los niños, su enorme potencialidad. Renegamos de procesos masificadores y estandarizadores, de fabricación en serie de  individuos por parte de la escuela. Esto podría llevarnos a la ilusión de “buena onda”, de autocomplacencia, de pensar que nuestro discurso, por ir contra la corriente tiene una bondad que es “en sí misma”; podemos querer imponer a otros esta “buena noticia”, mostrar el “error” en el camino del otro. Podemos ser, a fin de cuentas, un pequeño dictador.

¿Cómo se hace para no convertirse en fascista aún cuando (especialmente cuando) uno cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo librar del fascismo nuestro discurso y nuestros actos, nuestro corazón y nuestros placeres? ¿Cómo expulsar el fascismo incrustado en nuestro comportamiento?



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6 responses

14 10 2010
Harún

Ufff. Inquitantes preguntas. Me debes un insomnio. Te debo las repuestas

14 10 2010
educandoencasa

Harun, mi bisabuela aconsejaba: si quieres ser feliz como dices, no analices. Yo creo que lo que nos debemos es un café bien conversado.

14 10 2010
Jmiguel

Solo quiero aventurar una respuesta espontánea, pues la mente, engaña. En efecto me parece a mi que esta entrada es un juego de tu mente. La mente no para nunca, siempre trabaja, en realidad es el ego, y cuando uno encuentra una respuesta a algo, surge la pregunta inmediata y la búsqueda de nuevas respuestas. Se que tenemos un lado oscuro, tod@s. Pero eso no significa que haya un discurso y un facista encubierto a mi me parece simplemente eso, “juego mental”: no debieras cuestionarte tanto, para la mente, “la loca de la casa”.
En mi experiencia, no hay tal dictadura, de hecho todo está en movimiento, nunca ha sido un año igual a otro, hay que ser flexible y cuestionarse lo que haces, pero no en términos de que estás haciendo algo mal, yo siempre digo que el sistema home school es perfeccionable y por mucho y esa es la demostración de la inexistencia de la dictadura, el tiempo que te lleva a demostrar que no es así.
Tu estás en una dicotomía, por una parte home school y por otra profe universitaria, ¿quien va a triunfar? la lucha interna es obvia aunque no lo parezca de ahí que tu mente busque salidas que te permitan, mantener un trabajo que de otro modo es posible que lo cuestionases.
Te devuelvo las inquietudes.
Un abrazo.

14 10 2010
educandoencasa

Lo que describes:”ser flexible y cuestionarse lo que haces” es precisamente un discurso no fascista. En ese caso se permite lo múltiple por sobre lo uno, lo complejo por sobre lo simplista. Es pensamiento “débil” o como dices tu, no es juego mental. El tema es que a veces me pillo siendo tan tajante como lo que critico, es allí en donde prendo luces rojas.

14 10 2010
aprendiendoaser

¿ Seré o no seré fascita de la Educación en casa?…es tan fácil pisar el palito.

14 10 2010
educandoencasa

jajaja Creo que el tema pasa, no por tener convicciones, sino por imponerlas como única verdad posible. Creo que todos tenemos a pisar palitos, en este y otros temas.

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