Adiós a La Paz

31 10 2010
Bolivia

Adiós a La Paz

Son las tres de la mañana y una fiesta en el hotel me mantiene despierta (Alegria, alegria). Aprovecho de escribir unas palabras trasnochadas y dejaré la entrada programada para después. Cuando esta se publique yo estaré camino al aeropuerto.

Han sido unos días muy interesantes. Como ya se habrán dado cuenta me ha encantado La Paz. Al igual que cada vez que viajo el deseo de compartir lo vivido con mi familia ha sido inmenso. A cada rato imagino lo que habría disfrutado cada niño o mi marido con las cosas que veo y escucho.

En Cochabamba lo pasé muy bien. Fue un encuentro muy interesante, harto trabajo con diversión. Por supuesto el computador me falló unos minutos antes de mi conferencia. Eso ya se ha convertido en un ritual e iba preparada: tenía mi presentación on line.

No conocí la ciudad de Cochabamba, sólo el hotel, pero conocí muchos bolivianos y bolivianas. Ello hace que mi turista interno se sienta apaciguado. Pude conversar con académicas y académicos de todo Bolivia: Cochabamba; La Paz; Oruro; Pando; Potosí; Santa Cruz; Tarija.

Al volver a La Paz, Ivana una de las organizadoras del encuentro, me invitó junto a su familia al Lago Titicaca. Nos bajamos del avión y partimos de paseo.

¿Qué puedo decir? me faltan palabras ¡Es hermoso!

La hermosura viene por varios lados:

  • Lo lindo de ser acogida en la intimidad de una familia boliviana, sus dos hijos junto al marido, y tratada con mucho cariño.
  • La solemne belleza del paisaje altiplánico.
  • El poder observar la cultura aymara aunque sea un ratito.
  • La hermosura y serenidad del lago. Es sobrecogedor.
En el lago paramos en un restaurante a cargo de un hogar de niños. Un lugar muy apacible. Allí probé un plato de pescaditos fritos  minúsculos llamados Ispis ¡Muy sabroso!. Luego pasamos a un lugar con un par de casas aymaras en donde confeccionaban embarcaciones de totora. Las niñas y ancianas se nos abalanzaron ofreciendo sus productos.
En la tarde, tipo seis, volví a comparar algunos regalitos a calle Sagarnaga y calle Linares. Caí en la tentación y me compré un sombrero de fieltro morado, con eso y una mantilla rosada, parecía ser un cartel viviente que decía: Soy turista.
Conocí a una gringa de Virginia que tiene una tienda con cosas de diseño increíble (incomprable) pero además una onda de trabajo social muy interesante. Quedé invitada a volver y hacer voluntariado con ella.
En la Plaza San Francisco, unos niños muy pequeños, de unos cuatro años, se empujaban unos a otros jugando. En un minuto la cosa se puso peligrosa para ellos y en tono medio en broma medio en serio les dije que dejaran de empujarse. ¡Muertos de la risa comenzaron a empujarme a mi! Me he quedado con la imagen en la retina de sus caritas sucias y sonrientes.
Luego conversé con un librero de “Akademia” (Frente a la Plaza del Estudiante), que está innovando y mantiene su local abierto hasta muy tarde, como no había nadie, conversamos hasta que me dio hipo. No es de extrañar que se me pasara la hora -como cada vez que he vagabundeado sola por esta ciudad- y me atrasé para un compromiso con otra profesora. Me dio pena pero hube de llamarla y cancelar, no sólo era tarde, sino que yo estaba agotada.
La fiesta del hotel se ha acabado dando paso a una magnifica tormenta eléctrica, parece que hoy no dormiré. Me despido de Bolivia en vigilia.
Queda mucho por conocer aún. Me imagino que ni con varios viajes a Bolivia seré capaz de cubrir su riqueza. Me he propuesto volver con la tribu. No sé cómo, ni cuándo, pero voy a juntar la plata y me los traeré a todos. Me encantaría dejar de hacer homeschool y ser lo suficientemente rica para hacer travel school, jajajaja.


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4 responses

31 10 2010
Gloria

Como los Thornberrys!

1 11 2010
educandoencasa

Sí, que ganas de hacer algo así.

31 10 2010
Carmen Ibarlucea

Andrea, que belleza de viaje. Me lleno de envidia. Siempre siempre he querido conocer Bolivia.
Yo tengo en mi pieza un pequeño cofre de plata (pequeño como mi pulgar) que contiene piedras azules del Titikaka … y en cada traslado de casa se va perdiendo alguna (no se como) y siempre me digo… no pasa nada, cualquier día vas allá para reponerlas … jajaja. Imaginate, ni siquiera he podido cumplir mi sueño de ir a Chile para el bicentenario … llevo ya 14 años sin pisar Chile … pero no dejó de soñar.

Espero que pueda volver pronto con toda la tribu.

1 11 2010
educandoencasa

Ya vendrás Carmen, y entonces te quedas con nosotros unos días en Talca

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