Infancia y política

6 08 2011

Santiago de Chile: 4 de agosto 2011

Santiago de Chile, 1988

Santiago de Chile, 1988

Estos meses han sido intensos en la política chilena. El New York Times compara los movimientos sociales chilenos con la primavera árabe, llamándole “El invierno chileno”. La televisión chilena lo criminaliza.

Más allá de mi postura política y como me genera dudas respecto al homeschool (post que debo escribir pero no tengo cabeza ni tiempo en este minuto), esto me ha generado nostalgias de mi infancia. Las protestas y la serie de los “Archivos del cardenal” han hecho que me encuentre pensando en mi niñez con frecuencia.

No considero que todo tiempo pasado fue mejor. ¿Cómo extrañar la opresión? Pero la infancia se mezcla con muchas cosas  y, aunque esta se haya desarrollado en dictadura, uno la recuerda con cariño. Raro.

En el articulo de mi hermana “Oda al aburrimiento” ella hace referencias laterales a comentarios políticos de nuestros padres. Uno de los comentaristas se molestó, encontrando que “Hubiera sido una columna mas o menos interesante si no fuera por las referencias politicas, a nadie le importa la inclinacion politica de los demas pero toda tu historia simpatica queda en segundo lugar frente al tema politico.” No pude aguantarme y le contesté. Nosotros como familia no vivimos muy intensamente la persecución política, pero la sensación de desamparo, no de vivir bajo el dominio de la “bruja blanca” sino de un mal muy concreto, era fuerte:

Para quienes vivimos la infancia en una familia de oposición a Pinochet la política era parte del paisaje y la textura de la vida. Despertábamos con la radio cooperativa anunciándonos a los muertos, partíamos al colegio con la advertencia de no comentar lo escuchado en la casa, en mi caso tenía al guardaespaldas del nieto de Pinochet ¡dentro del aula!, jugábamos a esconder a Julio del guardaespaldas y se suspendían las clases pensando en un secuestro, íbamos a misa y junto al evangelio se leían cartas del Cardenal denunciando violaciones a los derechos humanos. A los 7 años declaré que mejor no hablaría de política pues era complejo. Mi mamá, linda ella, me recomendaba que si me perdía JAMAS pidiera ayuda a un carabinero. ¿Nunca dormiste en el pasillo por el temor de tus padres que una bala atravesara la ventana? Eso es parte del olor y sabor de la infancia de muchos chilenos. Al menos, los que somos viejitos.

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