La música, un lenguaje a educar

18 12 2011

Cristián Warnken ha escrito una interesante columna en su blog reclamando por la reducción de las horas de música en los colegios chilenos (dato que no he podido corroborar). Llama la atención sobre esta situación apoyándose en Nietzsche: “Sin la música, la vida sería un error”. Copio aquí un comentario que dejé en su blog:

Mi hija en el colegio ha debido de leer la Odisea, El Cid, Bernarda Alba, La Metamorfosis. En cada caso su “estudio” ha sido un asesinato literario, preguntando por datos factuales irrelevantes y perdiendo completamente el fondo de la cuestión. Por dos años opté por desescolarizar a mis hijos y los emborrachamos de arte, literatura, ciencias e historia, ahora pueden resistir la rutinaria vida escolar pues sé que ya han bebido de lo bueno. El problema es ¿Cuántos niños pueden acceder a ese tipo capital cultural si no es a través de su educación escolar? Mineduc, administradores escolares y profesores debieran preguntarse cuando hacen énfasis en la lectura: aprender a leer y sumar ¿para qué? ¿Para leerse a sí mismo, a los otros y al mundo? Entonces necesitas leer más allá de las palabras, necesitas tener categorías con las cuales leer escribir la vida: música, artes visuales, filosofía. Pero ¿Es lo que se quiere que lean y cuenten? Sospecho que la intención se acerca más a un espíritu geométrico que a uno de fineza. Vuelvo a preguntarme queremos que lean, vean y escuchen: ¿Para qué?

Aquí les dejo el texto maravilloso de Cristian Warken:

El verdadero mundo es música. Si uno la escucha, se abriga en el ser. Así lo experimentó a lo largo de su vida Nietzsche, para quien la música lo era todo. “Todo lo que no se deja aprehender a través de las relaciones musicales engendra en mí hastío y náusea”, dirá el filósofo ditirámbico y dionisíaco, que parece aspirar a que sus propias ideas, sus pensamientos y conceptos canten y no hablen. Nietzsche es categórico: “Sin la música, la vida sería un error”.

Y un error monstruoso es un reciente decreto, promulgado este año, por el que la educación musical pierde una hora en educación básica, para privilegiar más horas de lenguaje y matemáticas.

Suena bien: todos queremos que nuestros niños escriban, lean, sumen mejor. Pero eso no se logra mezquinándole una hora de la música a nuestro sistema educacional. Ya la música tenía una presencia magra en nuestras aulas, y por eso esta hora de menos duele más para quienes saben lo que la experiencia de la música significa para el desarrollo emocional, cognitivo y existencial del ser humano. Eso lo tienen ya en la sangre pueblos como el alemán y el judío, para quienes la música ocupa un lugar central, no sólo en la educación, sino en la vida. Cada vez más estudios científicos demuestran los efectos benéficos de la educación musical, incluso en el rendimiento escolar de otras disciplinas. Eso lo supieron siempre los griegos, los hindúes, los chinos, las civilizaciones más milenarias que florecieron en torno al canto, la danza y el ritmo. Por lo demás, todo es ritmo: hay un ritmo cósmico (que tal vez los sabios pitagóricos buscaron descifrar en la música de las esferas) y un ritmo interior, orgánico, de nuestra sangre, de nuestros latidos, de nuestro corazón. Ahí están la sílaba “Om” que recorre los sagrados bosques de la India, o el sonido tribal de un tambor desde el corazón de un África danzante, dando la nota inicial para que el hombre escriba, sobre el estremecedor silencio cósmico (ese que aterró a Pascal), su propia música.

Nuestros expertos en educación, obsesionados por mejorar rendimientos, por estar arriba en rankings mundiales, creen que nuestros alumnos sabrán más matemáticas y dominarán mejor el lenguaje aumentando las horas del currículo. Nuestra educación básica está hoy secuestrada por la prueba Simce, hasta el punto de que a veces da la impresión de que se prepara a los niños más para mejorar los indicadores que para leer, escribir, sumar y restar a través del goce, el asombro, la alegría de aprender con la buena literatura y la fascinante matemática.

Sí, porque la alegría es la única y verdadera maestra que a la larga puede asegurar la autorrealización y el crecimiento interior. Tenemos pocas experiencias tan exitosas y de tanto efecto irradiador en nuestra sociedad como las orquestas juveniles, repartidas como notas agudas y brillantes a lo largo de la accidentada partitura de la patria. Al lado de ella, todo el sistema educativo desafina y parece una película muda, en blanco y negro. Ver a los niños de lejanas localidades hacer vibrar sus violines, chelos y pianos con la música de Bach, Mozart o Alfonso Letelier, nos hace levantar la voz y decir, casi gritar a los oídos sordos de la tecnocracia educacional: “¡Sin la música, la educación sería un error!”.

Y cuando digo educación musical, no estoy diciendo tediosas lecciones donde se enseña en qué año nació Beethoven y qué significa “contrapunto”. Cada niño de Chile debiera aprender un instrumento musical. Ésa sería la medida más eficaz para fortalecer la disciplina interior (bien tan escaso hoy) y que le es inherente a la música. ¿Quieren menos encapuchados, menos droga, menos jóvenes pateando piedras? Abran entonces la caja de Pandora de la música sobre todo el territorio nacional. Las matemáticas y la palabra siempre han buscado desesperadamente lo que la música, de suyo, ya tiene. Porque en el principio era la música.


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3 responses

18 12 2011
Sandra Castañeda Calvo

Andrea, te agradezco cada palabra y el tiempo que dedicas a cultivar, nutrir y cuidar nuestro jardín…este corazón que palpita al unísono (http://es.wikipedia.org/wiki/Un%C3%ADsono) con el amor universal y una nueva conciencia. Gracias.

18 12 2011
Educando en casa

Jejeje gracias Sandra. Yo gozo escribiendo y llevando un registro de lo que vamos descubriendo. Además si no escribiera tendría a mis amigos y amigas hasta la coronilla con mis anécdotas de mis niños (en realidad, creo que ya lo están)

19 12 2011
sandra fernández

Genial…he podido comprobar este hermoso año de trabajo con niños con discapacidad intelectual, motora y social que, a través de la música, ellos se conectan de una forma tan especial, que les permite incluso aprender los elementos básicos que el ser humano debe adquirir bajo parámetros meramente sociales o normativos. Me indigna saber…porque tampoco ha sido corroborado como dices Andrea, que las horas de Educación artística musical pierda mas horas..cuando deberían otorgársele mas al currículum escolar, justamente por ser el bálsamo que permite abrigar lo que las otras ´areas del saber no gestionan.
“sin la música…la vida y la educación sería un error”

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