Extractos de “La escuela de Yasnaia Poliana”

22 01 2012

Los niños se escapan de la escuela o de la cimarra rusa

A veces, cuando las clases son interesantes y se multiplican (acontece que duran hasta siete largas horas por día), cuando los niños están cansados o en víspera de fiesta, a la sazón que las estufas se calientan en la casa para el baño, a un tiempo, sin decir una palabra, a la segunda o tercera clase que sigue a la comida, dos o tres escolares se precipitan a la sala y toman vivamente sus sombreros.(…)

¡Los niños van a casa!. Y oís golpear los piececitos en los escalones; y los escolares, bajando a brincos, retozando como gatos, cayendo sobre la nieve, se adelantan a la carrera uno a otro y se lanzan gritando hacia casa.
Estas escenas se reproducen una o dos veces por semana. Es humillante y penoso para el maestro, quien lo tolera sólo porque ello da una significación más grande a las cinco, seis y hasta siete lecciones, libre, voluntariamente escuchadas cada día por los alumnos. Sólo así se puede estar seguro, cuando estas escenas se repiten, que la enseñanza, por insuficiente, por exclusiva que se la suponga, no es ni mala ni ineficaz. Si la alternativa se expusiera en estos términos: ¿qué vale más, que no ocurra ninguna de estas escenas durante el año entero, o que se repitan por mitad con las lecciones?, escogeríamos este último término. Por mi parte, en la escuela de Yásnaia Poliana, estoy satisfecho de haberlas visto reproducirse muchas veces en un mes. A pesar de la libertad dada a los niños para que se vayan cuando les parezca bien, la autoridad del maestro es tan grande, sin embargo, que en estos últimos tiempos he temido mucho que la disciplina de las clases, el empleo del tiempo, las notas, aunque sean carga tan ligera, acabasen por coartar su libertad, por sujetarles completamente a la red tramada contra ellos por nuestra astucia para cercenarles la facultad de la elección y de la protesta. Si de buena voluntad han continuado estudiando, no obstante la libertad que se les dejaba, no creo que se deba atribuir el mérito a las solas virtudes de la escuela de Yásnaia Poliana; creo que se obtendría el mismo resultado en la mayor parte de las escuelas, y que el deseo de aprender es bastante fuerte en los niños para motivar el soportarlos en condiciones tan enojosas, el perdonarles tales defectos. Es bueno, es necesario dejarles la facultad de semejantes escapatorias, siquiera sea para prevenir faltas mayores, más graves abusos.

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