Argumentar y contraargumentar.

25 08 2012

Tras leer en periódicos algunas críticas a la Educación Prohibida, a favor o en contra de ella, me he encontrado con un viejo amigo: el tedio. Tedio de encontrar los mismos argumentos en todas partes, como una suerte de guión eterno que se repite una y otra vez.

Soy media -entera- maniática o exigente, según como se mire.

Argumentar implica establecer clara y racionalmente las propias ideas, ofreciendolas para que el otro pueda examinarlas. A su vez, contrargumentar, es el ejercicio de escuchar al otro, ser capaz de reconocer lo que tiene para ofrecer y revisar la propia postura desde lo que este dice. Por algo, no se llama atacar y contratacar ¿no?

Es por ello que al conversar de educación, hay cosas que no tolero.

Una de ellas son los argumentos sin tensionar. Aquellos que son falaces. Aquellos que carecen de rigor, no ofrecen respaldos, ni garantías. Menos aún, son capaces de estudiar sus propios límites, las condiciones en que dicho argumento puede ser negado o limitado.

Por ejemplo:

Asumir que la escuela educa, per se o, por el contrario, que no hay posibilidad de educabilidad en lo escolar.

Asumir que educar en casa es revolucionario, cuando la opción puede ser todo lo revolucionaria o reaccionaria que se quiera.

Pensar que existe La Educación, La Infancia, La Escuela. En singular, con mayúscula, sin contexto histórico, ni político, ni social.

Qué cuestionar lo escolar es sinónimo de querer privatizar lo educativo.

Me molestan los discursos pedagógicos normativos, que parten de un deber ser sin escudriñar ni cuestionar sus premisas.

No tolero la pregnancia discursiva, aquella en que las ideas son simplistas, reiterativas y una parte ocupa el lugar del todo, en donde hay malos y buenos sin escala de grises.

Me cargan las consignas. En especial, las que tienen pretensiones de verdad absoluta y se disfrazan de seudo ciencia o seudo teologia para fundamentarse.

Me distancio de las ilusiones de alternativa, si no es A entonces solo es posible B. Me he dado cuenta que ni A ni B pueden, ni quieren, pensar C o AB o lo que sea. A y B son felices en su mundito seguro, naturalizado y sin cuestionar de puras A’s o puras B’s.

Esto me trae un problema serio. Basta que tome una opción, para empezar a escudriñarla, falsearla, tensionarla y cuestionarla. Me encanta. Es superior a mi. El tema es que no siempre es fácil encontrar con quien conversar. Hay quienes creen que es un ejercicio vano, o se sienten atacados si se cuestiona algo.

Muchas personas parecen querer atrincherarse en certezas sin examinar.

Y la vida sin examinar me aburre.

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Ranúnculos

23 08 2012

Hoy me he acordado mucho de Silvia. Es que paseando por mi jardín he visto como empiezan a brotar mis ranúnculos. Aún no florecen y sólo dos han producido unos tímidos y encorvados capullos. Al parecer, morados.

Lamentablemente, tras el asalto a nuestra casa la semana pasada, nos quedamos sin cámara fotográfica. Me habría gustado regalarle a Silvia una foto de mis ranúnculos. Mientras tanto, les dejo una foto prestada de la Internet.





Sobre la fobia escolar.

22 08 2012

Varias veces me han escrito familias contándome que sus hijos han sido heridos por la escuela, al punto de desarrollar fobia escolar.

Carla Muñoz, en su blog “Pensar en serio la educación“, trata el tema desde la psicología. Creo interesante leerlo:

“Es importante señalar que cuando se trata de rechazo a la escuela, no estamos hablando de una falta de motivación o de compromiso frente al aprendizaje. En cambio,  estos jóvenes se encuentran a menudo mucho más comprometidos por lo que además sufren la culpa de no ir a la escuela. Para simplificar, en un caso patológico, debemos considerar el problema desde el ángulo de “no puedo” y no en términos de un “no quiero”. Obviamente,  esto cambia  por completo el análisis”





La Educación Prohibida completita para ud

15 08 2012

Organicé dos proyecciones de la película La Educación Prohibida y aún no logro verla. Es que estoy con licencia médica y no puedo ni acercarme a la universidad.

Vivimos en el campo y acá en la casa tengo una internet tan, pero tan, mala que le llamamos “la banda angosta rural”. Es por ello que no puedo verla on line 😦

En todo caso, eso no significa que no pueda compartirla con uds. aunque no logre verla aún.

Seguiré esperando.





Parabienes al revés

11 08 2012

Una carreta enflorá
se detiene en la capilla;
el cura salió a la entrá
diciendo “¡qué maravilla!”

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Excelencia académica.

11 08 2012

Durante el tiempo que mi hijo se desescolarizó ganamos muchas cosas. La más importante, a mi juicio, fue el autoconocimiento y su autovaloración. Además, recuperó la condición de aprendiz, diferente de la de alumno.

El chiquillo, y no es por que sea su madre, destaca en casi todas las áreas.

¿Va a entrenar un deporte? El entrenador lo quiere para la selección

¿Estudia música? Lo quieren para concertista.

¿Aprende ciencia? Me sugieren dedicarlo al tema.

¿Matemáticas? Destacadísimo.

¿Filosofía? “Seco” como dicen los jóvenes chilenos.

Ha sido opción de nosotros como padres, el que explore sus capacidades e intereses, pero sin agobiarlo. Queremos que aproveche su potencial, queremos estimularlo pues es claramente talentoso. Sin embargo, no es nuestra opción sacrificarlo en el altar de la excelencia deportiva, musical ni académica, aunque seamos académicos y aunque claramente este chiquillo tiene futuro en esas áreas.

No queremos que pierda su potencial.

La idea nuestra es poner un ambiente que sea estimulante y “nutritivo”. Sin embargo, siempre hemos tenido claro que no queremos una suerte de monito entrenado para destacar.

Ahora que volvió a la escuela han pasado varias cosas en este sentido:

La primera es que tiene excelentes calificaciones. Lo cual no es una sorpresa y me importa un rábano. Siempre me ha preocupado que aprenda más que el juicio de otros sobre su aprendizajes y ¿qué son las calificaciones más que el juicio de un tercero sobre el aprendiz?

La segunda es que se adaptó sin problemas y tiene cuatro muy buenos amigos en su curso. Tiene los conflictos propios de la escolarización pero los resuelve en buen pie.

Todo ello es por que en los dos años que estuvo “afuera” aprendió a conocer su potencial y creer en si mismo.

Ahora, tras cinco meses en el colegio, ha decidido volver a explorar cosas de su tiempo de educación casera. Ha vuelto a entrenar Takwondo (para mi sufrimiento eterno) y nos ha pedido clases de piano (él es autodidacta en el tema).

Hoy partió feliz, a una hora indecente de la mañana, a su primer campeonato de Taekwondo del año. Su entrenador estaba muy contento que volviera y lo metió al tiro en un combate. ¡Que Dios le proteja sus huesos!





Centuries of Childhood

9 08 2012

Hace tiempo que no ingreso una entrada larga y reflexiva. Mirando el blog me doy cuenta que lo he tenido bien abandonado para lo que eran mis standares. En parte, el no educar más sin escuela es responsable de ello, pero también la cantidad de trabajo que he tenido.

Uno de los problemas de ser entusiasta es que me cuesta medirme en las cosas que emprendo. Este semestre me pasó la cuenta y desarrollé un cuadro de estress. Llegó un momento en que escribir, leer o pensar creativamente me implicaba un esfuerzo importante. Se sumaron otras cosas en la vida y terminé con licencia médica en la casa.

Ayer volví a tomar un libro después de 13 días de “abstinencia”. Escogí uno que deseaba leer hace tiempo y que no tiene relación demasiado directa con mi trabajo. Se llama Centuries of Chilhood  A social history of family life No avanzo en la lectura tan rápido como estoy acostumbrada, creo que es señal de mi agotamiento, pero aún así lo gozo. Quiero llegar al capítulo referente a infancia y escolarización, en cuanto llegue a él prometo escribir algunas reflexiones y traducir algún párrafo sabroso.

De momento les dejo un interesante trozo del capítulo II: el descubrimiento de la infancia (lo pueden hallar en español circulando por la red), pero les invito a pensar en las siguientes preguntas:

¿De qué modo nuestras ideas de lo que es un niño determina el modo en que deseamos educarlo? (¿Qué consecuencias tendría – por ejemplo -pensar un niño “sin alma ni forma en el cuerpo”? o ¿El tener muchos hijos para, con suerte, ver llegar un par a la vida adulta?)

¿Ha cambiado la idea de lo qué es un niño o niña en los últimos 30 años? ¿Qué se mantiene? ¿Qué cambia?

¿Cómo cambia ello la forma de concebir la educación de los niño en nuestra cultura?

 El sentimiento que ha persistido muy arraigado durante largo tiempo era el que se engendraban muchos niños para conservar sólo algunos.

Aún en el siglo XVII, en la alcoba del parto se oye, en medio del comadreo, la voz de una vecina, esposa de un relator del Consejo de Estado, que calma la inquietud de la parturienta, madre de cinco “pillos”, con estas palabras: “Antes que puedan causarte muchos sufrimientos, habrás perdido la mitad, si no todos.” ¡Extraña consolación!. La gente no podía apegarse demasiado a lo que se consideraba como un eventual desecho. Ello explica las frases que chocan con nuestra sensibilidad contemporánea, como las de Montaigne: “He perdido dos o tres hijos que se criaban fuera, no sin dolor, pero sin enfado”, o la de Moliere, a propósito de la Louison de Le Malade imaginaire: “La pequeña no cuenta.” La opinión general no debía, como Montaigne, “reconocerles ni movimiento en el alma, ni forma reconocible al cuerpo“.








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