Carnaval de blogs de Educación Casera: ¿Somos antiescuela? I

30 09 2010

Me van a perdonar que participe en este Carnaval con múltiples entradas. Con toda honestidad me siento incapaz de responder en un sólo post. Son muchos los niveles desde dónde puedo responder (afectivo, histórico, epistémico, desde el útero) y se me cruzan las ideas.

Me encanta la pregunta de si soy anti-escuela y, como todo en la vida, he de responder con un ambiguo “depende”. ¿De qué depende? Cantando junto a Jarabe de Palo deberé decir que, según como se mire, todo depende.

I ¿De qué escuela soy anti?

Por esos juegos de asociación libres, lo primero que me viene a la mente son dos poemas que dan cuenta de mi ethos católico:

El primero es un poema del padre Esteban Gumucio, que se llama la Iglesia que yo amo. Es un texto que hizo famoso el cardenal [Chile ha tenido muchos cardenales, pero mi generación sabe que EL Cardenal, es Don Raúl Silva Henríquez]

Lo segundo que me evocó esta pregunta fue un texto del mismo cardenal llamado Mi sueño de Chile .

En ambos textos hay un manifiesto, una declaración de un sueño, que en su descripción da cuenta de lo que es y no es la iglesia católica, de lo que es y lo que no es mi país. Creo que responder a la pregunta ¿Soy antiescuela? Debiese dar cuenta de la misma contradicción. Soy anti ciertas formas de escuela, soy anti cierta forma de pedagogía, soy anti cierta forma de comprender a los seres humanos, que se expresa en ciertas formas de lo escolar. Formas que tristemente han triunfado hasta instalarse como LA pedagogía, LA escuela, LA educación.

Estoy en contra de la escuela de la normalización, de los estándares y rendimiento, la escuela de la gerencia de la calidad, duro vocablo empresarial, estoy en contra de la escuela que educa a menores que no pueden ser sujetos de sí, de la escuela que reproduce las diferencias sociales, que instala tecnologías del yo sobre los dóciles cuerpos de los niños, la escuela que reduce a las infancias a una sola experiencia: la de ser alumno.

Lamentablemente, el modo en que miro lo educativo, lo pedagógico y lo escolar; es antinómico con sus formas dominantes.

II Animal de aula.

Soy profesora. Profesora de colegio aunque ya no haga clases en ese contexto. Lo soy por profesión y vocación. Me describo a mi misma como animal de aula.

Mi amiga Tati, compañera de oficina y conocedora de mis desvarios educativos, me escuchó ayer dar la charla a los estudiantes de psicología. Me miró y me dijo en coloquial chileno:

Precht, tenis que puro volver a hacer clases

Creo que esa es una respuesta testimonial. Creo aún en la posibilidad de la escuela. Lo creo desde el útero, desde el corazón y la razón.

Pero no está escuela, no LA escuela, única posibilidad de lo educativo. No la escuela del programa moderno. Como a toda invención humana, y aunque no nos parezca posible, la escuela tiene los días contados.

¿Qué podrá venir después? No sé, pero me gustaría que llegaran las escuelas, así en plural y sin mayúscula, pequeñas, locales, colectivas, con un programa que no huela a hegemonía.

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Nota a quien pretende enseñar: Para pensar esa escuela volvamos a leer a los clásicos.

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