La crítica de Bettelheim a Perrault

30 07 2011

Caperucita RojaHomeschool bilingual  me hizo un interesante comentario sobre Perrault indicando con razón que sus versiones son del siglo XVII mientras que los Grimm son del XIX. El tema, a mi juicio y sin ser experta, es que Perrault adapta mientras los Grimm “recojen” la tradición oral. Es en esta adaptación que Perrault deja fuera elementos centrales de dichos cuentos. Dejo aquí algunos comentarios de Bettelheim que me parecieron interesantes, cabe recordar eso sí, que el interés de este último apunta al valor de los cuentos en tanto su poder liberador y formador. Su mirada es psicoanalítica no literaria.

Sobre la Bella durmiente

Perrault, al dirigirse a los cortesanos, a los que consideraba como sus lectores, se mofaba de las historias que narraba. Por ejemplo, especifica que a la reina-ogro le gustaba que le sirvieran los niños «con salsa Robert». Introduce detalles que denigran el carácter del cuento de hadas, como cuando describe el despertar de Bella Durmiente, diciendo que sus ropas estaban pasadas de moda: «Por el escote de su vestido asomaba uno de esos ridículos cuellos que llevaba mi bisabuela, pero no por eso parecía menos hermosa y encantadora». Como si los héroes de los cuentos de hadas no vivieran en un mundo en el que las modas cambian.

Tales observaciones, en las que Perrault mezcla indiscriminadamente la fantasía de los cuentos de hadas con el racionalismo más mezquino, desvalorizan enormemente su trabajo. El detalle del vestido por ejemplo, destruye un tiempo mítico, alegórico y psicológico, sugerido por esos cien años de sueño, convirtiéndolo en un tiempo cronológico concreto. Le da una connotación ridícula; no como en las leyendas de santos que, después de cien años de sueño, despertaban, se daban cuenta de cómo había cambiado el mundo, y se transformaban de nuevo en polvo. Añadiendo todos esos detalles, con los que Perrault pretendía divertir a su público, no hizo más que destruir la sensación de eternidad, elemento básico que contribuye a la efectividad de los cuentos de hadas.

La Cenicienta

Como es característico en todas las historias de Perrault, el fallo de su versión es que tomó el material de un cuento de hadas —el relato de Basile o alguna otra historia de «Cenicienta» que llegó a sus oídos a través de la tradición oral, o bien una combinación de ambas posibilidades—, lo despojó de todo contenido, según él, vulgar, y pulió los demás rasgos para convertirlo en un producto adecuado para ser narrado en la corte. Al tratarse de un autor de gran ingenio y sensibilidad, inventaba detalles y transformaba otros para elaborar la historia según sus propios criterios de estética.

(…)

La versión de Perrault y las que derivan directamente de ella describen el carácter de la heroína de manera muy distinta a las demás variantes. La Cenicienta de Perrault es demasiado sosa e insulsamente buena, carece de toda iniciativa (lo cual podría justificar que Walt Disney se basara en el relato de Perrault sobre Cenicienta para realizar su propia versión de la historia). La mayoría de protagonistas centrales de este cuento son, en otras versiones, mucho más humanas.

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Los cuentos de hadas y el conflicto existencial

16 10 2010

Uno de mis libros favoritos es “El psicoanálisis de los cuentos de hadas“. Lo descubrí hace ya unos diez años atrás y se convirtió en mi libro de cabecera para la crianza de mis hijos. El libro explora el modo en que los cuentos de hadas tradicionales -no aquellos blanqueados por Disney –  ayudan a los niños a elaborar los conflictos propios de la infancia.

En el propone como el símbolo provee herramientas a los niños para dar sentido al mundo más allá de lo que el “logos” o la palabra puede proveerles. Así mismo, ilustra una idea que para mi ha sido fundante: la idealización de la infancia como un periodo feliz, sin conflictos, un tiempo de total ingenuidad es tan sólo una proyección de los padres sobre los hijos. Los niños sufren. Los niños perciben el mal. Los niños sienten deseos destructores. Si los padres no les contenemos en esas pulsiones, si no les damos herramientas para elaborar esas emociones, impulsos e ideas, los abandonamos a su suerte. Suele ser nuestro miedo a esos aspectos más oscuros de la vida lo que nos lleva a censurarlos y no planteárselo a nuestros hijos, más que el bien de los niños.

Los dejo con una larga cita de Bruno Bettelheim, he destacado un párrafo con negrita, por si alguien sólo se interesa en la idea principal:

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