Cuerpos dóciles

20 06 2012

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El cuerpo en el aula

24 07 2011

Le pedí a mi sobrino de 10 años que dibujara su aula. Como toda respuesta exclamó “¡No pretenderás que dibuje 30 sillas y 3o mesas!”. Fíjense bien. No dijo 30 compañeros o 30 niños. No. Señaló los pupitres y sus asientos. De eso está compuesto el aula en su mente.

Tranzamos en que no era necesario colocar cada uno de los muebles de su sala de clases, y entonces partió feliz a dibujar su aula. En ella distribuyó ordenadamente a sus compañeros: un niño hombre, una niña mujer, un niño hombre. En la fila siguiente el orden se invertía. Al poner atención a los cuerpos de sus compañeros pude observar que carecen de brazos, boca y piernas. Es que si lo piensas bien, en su experiencia de niño pequeño el cuerpo no es necesario en el aula: tan sólo requieres cabeza y un tronco que te fije al banco. El cuerpo de estos niños es un cuerpo-mesa, no sabemos dónde comienza uno y termina el otro. Como una suerte de centauro escolar. El aula es un adentro que da la espalda al mundo. Atrás, pequeño un globo terraqueo nos recuerda que este existe.

Las ventanas de un azul furioso, único color intenso de la imagen, señala que hay vida más allá de la escuela. Vida azul, brillante e intensa. A pesar que los niños y niñas son más en número, lo que caracteriza el aula en la experiencia de mi sobrino son los muebles, grandes y un espacio en el que los pequeños cuerpos de los alumnos se pierden. Un aula sin puertas. Tan sólo pizarron, escritorio y pupitre.

En una esquina, poseedora de un cuerpo completo, está la profesora: Una “miss” ajena, que pertenece a otro mundo, se la nombra en inglés, se la pinta lejana, casi irrelevante.

Cincuenta años antes que Cristiancito hiciera este dibujo, Paulo Freire denunciaba la “Educación Bancaria”, 80 años antes lo hacia la Montessori, dos siglos más atrás Freinet proponía otra mirada de lo educativo. Cuán resistente al cambio es la escuela hegemónica, cuan obstinadamente impermeable al cambio ha resultado ser.





Conversando sobre los limites de la escuela y la educación en casa

13 04 2010

Sigo discutiendo con Alan lo cual es un ejercicio de lo más estimulante. Claro que esto no deja de ser un diálogo de sordos por ambas partes. Creo que si hubiere de graficarlo, se parece más a un ejercicio de esgrima con florete que a una verdadera batalla.  Lo más cómico del caso es que el es el culpable que yo conociera a Foucault y me pusiera a hacerle guiños al post-estructuralismo. Lo registro aquí pues algún día, cuando quiera hilvanar mis ideas respecto de esta experiencia de un modo coherente, quiero poder ser capaz de re andar el camino de lo pensado y lo temido.

Entonces:

Alan me dice por Facebook …

Respecto de lo que planteas Andrea creo:

1. Olvidé mencionar las versiones de izquierda anarquista…creo que son igual de cuestionables por la argumentación de base.
2. Me parece que el cuestionamiento al proyecto modernista hegemónico de la escuela siempre me ha interesado, lo sabes, pero para mí nunca ha sido una alternativa viable la enseñanza en la casa…justamente por lo que mencionas tú y Leonor…por el problema del curriculum, me refiero, a lo que puse en tu blog… que gracias a todas sus pifias, la escuela tiene fisuras, espacios de fuga…la casa, la familia no deja ninguno, el curriculum implícito de un familia se asienta sobre la relación emocional, se vuelve incuestionable. Esto creo que es lo más complejo de administrar.

A lo que yo le contesto, con menos coherencia de lo deseado, tratando de escribir dentro del número de caracteres permitidos (¿Cuándo aprenderé a ser escueta?):

Si, estoy de acuerdo en el peligro de alejarse de las estructuras legitimantes. Es posible entender la educación en casa/desescolarizadora/libre o como quieras llamarla como formas de resistencias de lo singular frente al avallasamiento normalizador de parte de las instituciones y sistemas totales.
Personalmente, y desde una mirada muy pragmática, creo que en Chile esa mixtura de educación republicana no existe. El binomio escuela república me parece peligrosa y mentirosa. La escuela separa hasta el paroxismo, separa y reintegra en las posiciones sociales, cristalizando estamentos sociales. Por otro lado no hay una Escuela, son variadas. Hay tránsitos múltiples, diferentes y cada vez más cruzados por la desigualdad. Por otro lado, demonizar la acción de la familia es tan positivista y funcionalista como su idealización, es creer que es el foco de todo: “la cuna de la sociedad” negando la capacidad del niño y el joven de instalarse como sujeto y actor en la sociedad. Mirar la escuela y la infancia con perspectiva historiográfica da una libertad increíble para no creerle a los relatos totalizadores. Me parece súper interesante y urgente indagar como los movimientos de resistencia frente a lo escolar (entre varios, este) increpan al sistema de posiciones y lugares de la escuela moderna. Medido en tiempos históricos a la escuela le queda poco.

Espero la respuesta Alan como chiquilla ante la llegada del viejo pascuero (Papá Nöel)








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