El cuerpo en el aula

24 07 2011

Le pedí a mi sobrino de 10 años que dibujara su aula. Como toda respuesta exclamó “¡No pretenderás que dibuje 30 sillas y 3o mesas!”. Fíjense bien. No dijo 30 compañeros o 30 niños. No. Señaló los pupitres y sus asientos. De eso está compuesto el aula en su mente.

Tranzamos en que no era necesario colocar cada uno de los muebles de su sala de clases, y entonces partió feliz a dibujar su aula. En ella distribuyó ordenadamente a sus compañeros: un niño hombre, una niña mujer, un niño hombre. En la fila siguiente el orden se invertía. Al poner atención a los cuerpos de sus compañeros pude observar que carecen de brazos, boca y piernas. Es que si lo piensas bien, en su experiencia de niño pequeño el cuerpo no es necesario en el aula: tan sólo requieres cabeza y un tronco que te fije al banco. El cuerpo de estos niños es un cuerpo-mesa, no sabemos dónde comienza uno y termina el otro. Como una suerte de centauro escolar. El aula es un adentro que da la espalda al mundo. Atrás, pequeño un globo terraqueo nos recuerda que este existe.

Las ventanas de un azul furioso, único color intenso de la imagen, señala que hay vida más allá de la escuela. Vida azul, brillante e intensa. A pesar que los niños y niñas son más en número, lo que caracteriza el aula en la experiencia de mi sobrino son los muebles, grandes y un espacio en el que los pequeños cuerpos de los alumnos se pierden. Un aula sin puertas. Tan sólo pizarron, escritorio y pupitre.

En una esquina, poseedora de un cuerpo completo, está la profesora: Una “miss” ajena, que pertenece a otro mundo, se la nombra en inglés, se la pinta lejana, casi irrelevante.

Cincuenta años antes que Cristiancito hiciera este dibujo, Paulo Freire denunciaba la “Educación Bancaria”, 80 años antes lo hacia la Montessori, dos siglos más atrás Freinet proponía otra mirada de lo educativo. Cuán resistente al cambio es la escuela hegemónica, cuan obstinadamente impermeable al cambio ha resultado ser.

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La -larga- cita del día: Socialización y técnicas del cuerpo.

3 09 2010

Somos cultura encarnada, corporizada.

Ya he comentado otras veces como me llama la atención el uso del término socialización como sinónimo de habilidades interpersonales.

De tanto ver la utilización del concepto en ese sentido llegué a dudar sobre su significado “oficial”.

La nunca bien ponderada RAE sugiere las siguientes definiciones para nuestro idioma español.



Nada hay de "natural" en cómo nos movemos y gestualizamos: somos construcción social del cuerpo.

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