La falsa sinceridad…

27 08 2011

La falsa sinceridad tiene mucho que decir, porque teme. La sinceridad verdadera puede producir el silencio. No necesita enfrentarse a un ataque anticipado. Todo lo que tenga que defender puede ser defendido con perfecta sencillez.

La gente religiosa a menudo es incinsera en sus discusiones y su insinceridad es proporcional a su enojo. ¿Porqué nos enojamos con lo que creemos? Porque no lo creemos verdaderamente. O quizás es que lo que decimos estar defendiendo como “verdad” es únicamente la estima de nosotros mismos. El hombre sincero está menos interesado en defender la verdad y prefiere exponerla claramente, porque piensa que si la verdad es vista con claridad ella se cuidará a sí misma.

– Thomas Merton – “Los hombres no son islas”





La cita del día a propósito del eclipse.

22 12 2010

Thomas Merton, uno de mis místicos favoritos, le escribe a un amigo “Si puedes olvidar que soy un sacerdote, olvídalo. Y te aseguro que no tengo el mínimo interés de ejercer ninguna magia sacerdotal sobre tí”. Yo diría lo mismo sobre mi fe, no por que no la tenga sino por que no me interesa que sea tema en este blog. Aún así, siendo tiempo de adviento, estando bastante cansada y en el animo de aquietar el espíritu les dejo este texto que me recuerda el eclipse de ayer:

La danza general.

“Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios. Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente. Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesiones sobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica. No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja rana chapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la “novedad”, el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica. Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no”.


Thomas Merton.








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